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CENTENARIO DEL MERCAT CENTRAL DE VALENCIA




Interior del Mercado central de Valencia.




Con una mascletà  y dos paellas para 2.000 personas hoy, se ha celebrado el centenario de la presencia en la Ciudad de Valencia del su Mercado Central.

Ha sido la Asociación de Vendedores del Mercado Central quienes han preparado los eventos q los que han invitado a vecinos y altos cargos de la ciudad de Valencia en este acto tan significativo para muchos.

Vista exterior del recinto


Sumados a los talleres y juegos tradicionales para los niños y una actuación de la Federación de Folclore Valenciano, así como una muestra coreográfica del alumnado del Conservatorio Superior de Dança València.
 Valencia ha vivido un día en el que se pone en su sitio este lugar donde miles de vecinos y turistas tienen uno de los puntos de visitas más importante de la ciudad valenciana.

Valencia Central Market



El Mercado Central de Valencia

  • Superficie de 8.160 metros
  • 300 pequeños comerciantes
  • Es el mayor centro de Europa dedicado a la especialidad de productos frescos
  • primer mercado del mundo que afrontó el reto de la informatización de las ventas y distribución a domicilio.


Plano Mercado Central Valencia




En la época en la que Valencia empezó a crecer, los puestos ambulantes de comerciantes, ya se instalaron en ese punto actual de Mercado central de Valencia.
1839 fue el año en el que el mercado ofrece una imagen nueva con la construcción de un recinto, con unos puestos ya ubicados pero por ahora sin estar cubiertos en el recinto, el llamado "Mercado Nuevo".
A finales del S.XIX el Ayuntamiento de Valencia convoca un concursos proyectado como construcción de un nuevo mercado con más servicios.

Mercado Central en Obras
Una gran obra Modernista.




1910 es el año en el que se elije el proyecto de los arquitectos  Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial y como no podía ser menos con la idea de la construcción de un edificio con las líneas del modernismo. Después de muchos cambios de manos en su construcción, en 1928 se terminaron las obras del actual Mercado Central de Valencia.


Muchos adjetivos se le pueden dar a esta obra: fastuosa, sensacional, grandiosa, espléndida, llamativa, vistosa, colorista y tantas como todos los que la hemos visto sabemos de las imágenes que hemos captado con nuestra cámara.
Dos importantes monumentos: la Lonja de la Seda y la Iglesia de los Santos Juanes están al lado de esta obra monumental y en ningún caso desmerece de ellas y menos cuando vemos la ornamentación alegórica que hay en el interior del Mercado.

El Mercado central recién Innaugurado



Presenta un planta irregular adaptada al solar. Se divide en dos espacios por un lado el mercado general y por otro la pescadería

Cúpula Mercado Central Valencia 


Cúpulas, de hierro, cristal y cerámica. Debemos detallar que la Cúpula central logra los 30 metros de altura. Dos espadañas con veleta:

  • la de la cotorra conocida  como “La Cotorra del Mercat”, alzándose sobre una corona real y que se situa en la zona de la Huerta del Mercado Central. La leyenda dice que se refiere al tema de los cotilleos que siempre parece que haya dentro de los Mercado.
  • la del pez espada, encima de la zona del Mercado donde está la pescadería

El Pardal de Sant Joan

que unidas a la veleta de  la Iglesia de Los Santos Juanes que representa un pájaro, que se la conoce como “El Pardal de Sant Joan” o de “Sant Joan del Mercat”.




Leyendo en el tomo I de las obras completas de Vicente Blasco Ibañez la obra "Arroz y Tartana", aparece en el capítulo II, página nº 271 un pasaje sobre el Pardal de Sant Joan, que por ser vecino del Mercado Central, pienso que hay que hacer un pequeño apunte. Las imágenes son mías, pero siento no poder sacar mejor calidad ya que el papel del libro refleja mucho. Tengo estas obras como herencia de mi padre, gran seguidor de este escritor, que hizo inculcarme el interés de la lectura cuando veía a mi padre releer todos los tomos.


Paso a narrar:

En época pasada, aunque no remota, el Mercado de Valencia tenía una leyenda, que corría como válida en todos sus establecimientos, donde jamás faltaban testigos dispuestos a dar fe de ella. Al llegar el invierno, aparecía siempre en la plaza algún aragonés viejo llevando a la zaga un muchacho, como bestezuela asustada. Le habían arrancado a la monótona ocupación de cuidar las reses en el monte, y le conducían a Valencia para «hacer suerte», o, más bien, por librar a la familia de una boca insaciable, nunca ahíta de patatas y pan duro.

El flaco macho que los había conducido quedaba en la posada de Las Tres Coronas, esperando tomar la vuelta a las áridas montañas de Teruel; y el padre y el hijo, con traje de pana deslustrado en costuras y rodilleras y el pañuelo anudado a las sienes como una estrecha cinta, iban por las tiendas, de puerta en puerta, vergonzosos y encogidos, como si pidiesen limosna preguntando si necesitaban un criadico.

Cuando el muchacho encontraba acomodo, el padre se despedía de él con un par de besos y cuatro lagrimones, y en seguida iba por el macho para volver a casa, prometiendo escribir pasados unos meses; pero si en todas las tiendas recibían una negativa y era desechada la oferta del criadico, entonces se realizaba la leyenda inhumana, de cuya veracidad dudaban muchos.

Vagaban padre e hijo, aturdidos por el ruido de la venta, estrujados por los codazos de la muchedumbre, e insensiblemente, atraídos por una fuerza misteriosa, iban a detenerse en la escalinata de la Lonja, frente a la famosa fachada de los Santos Juanes. La original veleta, el famoso Pardalot, giraba majestuosamente.

—¡Mia, chiquio, qué pájaro!… ¡Cómo se menea!… —decía el padre.

Y cuando el cerril retoño estaba más encantado en la contemplación de una maravilla nunca vista en el lugar, el autor de sus días se escurría entre el gentío, y al volver el muchacho en sí, ya el padre salía montado en el macho por la Puerta de Serranos, con la conciencia satisfecha de haber puesto al chico en el camino de la fortuna.

El muchacho berreaba y corría de un lado a otro llamando a su padre. «¡Otro a quien han engañado!», decían los dependientes desde sus mostradores, adivinando lo ocurrido; y nunca faltaba un comerciante generoso que, por ser de la tierra y recordando los principios de su carrera, tomase bajo su protección al abandonado y le metiese en su casa, aunque no le faltase criadico.

La miseria del lugar, la abundancia de hijos y, sobre todo, la cándida creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el cruel abandono de los hijos. Ir a Valencia era seguir el camino de la riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso, donde las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para cogerlos.

El que iba allá abajo se hacía rico; si alguien lo dudaba, allí estaban para atestiguarlo los principales comerciantes de Valencia, con grandes almacenes, buques de vela y casas suntuosas, que habían pasado la niñez en los míseros lugarejos de la provincia de Teruel guardando reses y comiéndose los codos de hambre. Los que habían emprendido el viaje para morir en un hospital, vegetar toda la vida como dependientes de corto sueldo o sentar plaza en el ejército de Cuba, ésos no eran tenidos en cuenta.

Al hacer la estadística de los abandonados ante la velada de San Juan, don Eugenio García, fundador de la tienda de Las Tres Rosas, figuraba en primera línea…”.


Rodeado este Mercado central de tanta leyenda y de tanta tradición, no nos cabe menos que pensar que la cultura estaba siempre presente en todos sus visitantes.
Mira si estaba pensado con cabeza de comerciante, que se distribuyeron en el interior los espacios como calles rectilíneas que eran atravesadas por dos anchas vías que hacían lo que hoy son para nosotros las grandes Rondas en las ciudades.
Se pensó que el espacio podría albergar 959 puestos de:
En la zona general por tiendas altas cerradas para carnicería, tocinería, ultramarinos y quincalla; tiendas bajas para venta de patatas, legumbres, verduras, frutas y gallina; tiendas altas abiertas para venta de pan, volatería, carne y caza, existiendo en la pescadería tiendas altas para venta de salazones y despojos, y tiendas bajas para pescado.

Mirando a los dos extremos desde la entrada principal, se ven dos pabellones. Su construcción es toda hecha de ladrillo de cara vista y como decoración se utilizó la cerámica, tan utilizada en esta zona.

Los edificios de Les Llotgetes del Mercado Central

Llotgetes 

Los edificios de Les Llotgetes del Mercado Central, forman parte, junto con el Mercado( recinto central y la pescadería), con el edificio de la Tenencia de Alcaldía, y con la rejería exterior que delimitan el recinto, del Bien de Interés Cultural (BIC) del Mercado Central, catalogado con la categoría de Monumento

Están al lado del Mercado Central, y son el primer edificio construido en este complejo.

El ayer de un edificio que aún perdura en Valencia.




Pere Ferrer

Hacer un blog de viajes y que tenga éxito es sin duda una misión complicada ya que en la red existen muchos y muy buenas WEBS sobre esta temática que relatan con todo lujo de detalles y con un estilo atractivo un sinfín de destinos. Pero por mucha oferta que haya, el internauta no encontrará dos blogs de viajes iguales en la red. 
Mis viajes y mis sueños de lugares que no he visitado,son mi blog.

Viajarsinbillete.com es mi Ilusión y mi sueño, que iré consiguiendo poco a poco.

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